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Cordales:
La pericoronaritis es un proceso infeccioso agudo que se observa
en pacientes jóvenes, entre la segunda y tercera década de la vida
por erupción de cualquier diente, fundamentalmente en los terceros
molares. Ocasionalmente puede aparecer en otras épocas de la vida.
Los accidentes por erupción de los terceros molares eran ya conocidos
en la antigüedad. Hemard, en su libro que tituló << La verdadera
anatomía de los dientes >> en el año 1580, relataba las particularidades
de la erupción de los terceros molares en la edad de la prudencia
y la discreción. Posteriormente, a la erupción de la pieza dentaria,
se le hizo responsable de inflamaciones mucosas y óseas; en el siglo
XIX se insistió sobre uno de los caracteres que le daban importancia
clínica: la falta de espacio; otros autores consideraban ya el hecho
de la infección. Por último, el concepto de la infección pericoronaria,
ya en el siglo XX, de los trastornos de origen reflejo, completan
esta entidad nosológica.
Las formas de manifestación clínica son muy variadas en función
de los factores locales y generales, ya analizados, y del equilibrio
entre el sistema defensivo orgánico y la actividad bacteriana.
Teniendo en cuenta el desarrollo filogenético de la especie humana,
la raza blanca, cuenta con mayor porcentaje de dientes retenidos
que la raza negra, ya que en esta última, el desarrollo y dimensiones
de los maxilares son mayores. Se plantea un hecho establecido en
genética que en realidad se hace ley. Un individuo puede heredar
los maxilares pequeños de un progenitor y los dientes grandes de
otros, o al revés. Ries Centeno considera un ligero predominio en
la mujer, respecto al hombre, Wirth da un porcentaje del 48,4 para
el sexo femenino y un 51,5% para el sexo masculino.
La edad de inicio para los fenómenos patológicos es muy variada
y tiene unos límites muy amplios; así, Ries Centeno, considera como
límites los 18 y 28 años, aunque cita casos de 15 años y ancianos
hasta de 82 años.
Para Wirth, el mayor porcentaje se encuentra entre los 21 y 25 años
(53%), seguido de 15 a 20 años (17,2%); y entre los 26 y 30 años
el 16,3%. En nuestro medio la incidencia de la pericoronaritis es
más frecuente en la década de los 20 a los 30 años de edad, similar
información se obtuvo de otros autores en la bibliografía revisada.
Concepto:
La pericoronaritis es un proceso infeccioso agudo caracterizado
por la inflamación del tejido blando que rodea el diente retenido.
Otros autores definen la pericoronaritis como la infección de la
cavidad pericoronaria del molar del jucio y de sus paredes, siendo
el más frecuente de los accidentes infecciosos.
Etiología:
Es producida por:
1) Crecimiento bacteriano activo en un medio ideal, que es
el espacio de tejido blando que cubre la corona del molar. Debajo
de la mucosa peridentaria existe un espacio donde hay humedad, tibieza,
protección, alimentos y oscuridad, con tal ambiente el crecimiento
bacteriano florece.
2) Irritación traumática de la mucosa que cubre el molar
inferior, por las cúspides del molar superior, vitalidad disminuida
de los tejidos e invasión de microorganismos, también la erupción
del tercer molar superior, en su intento de entrar en articulación,
traumatiza los tejidos blandos del tercer molar inferior durante
los movimientos mandibulares.
Patogenia:
La pericoronaritis puede originarse a partir de una infección o
por accidente mecánico.
a) Origen infeccioso.
b) Accidente Mecánico.
Origen Infeccioso:
Se produce a partir de los elementos infecciosos que circulan por
la sangre o de los que ya existen en la cavidad; también puede deberse
a modificaciones vasomotoras provocadas por la evolución del germen
con la infección consiguiente del rodete fibromucoso. Se admite
actualmente que el punto de partida de la infección se sitúa en
el espacio pericoronario: el saco que rodea la corona forma una
cavidad virtual que puede infectarse al ponerse en comunicación
con el medio bucal, bien directamente, por penetración a nivel del
saco pericoronario, o bien por intermedio del alveolo de segundo
molar.
Entre el diente retenido y el diente contiguo, se crea un espacio
casi cerrado, protegido de un saco o capuchón mucoso que no tiene
tendencia a retraerse y donde van a multiplicarse los microorganismos.
Accidente mecánico:
Cuando el tercer molar inferior (más frecuente) u otro diente retenido
se encuentra cubierto en su porción coronaria por el tejido fibromucoso
adyacente, el diente antagonista que se encuentra brotado, durante
la masticación, traumatiza con sus cúspides, esta fibromucosa, comienza
el proceso inflamatorio, que llega a la infección.
Microorganismos de la flora normal de la cavidad bucal.
La cavidad bucal ofrece un ambiente microecológico favorable para
la radicación de múltiples microorganismos y esta poblada por una
variedad de géneros y especies de bacterias y hongos.
En el paciente sano la microflora tiene un predominio de cocos y
grampositivos, en particular los del grupo Streptococcus alfa y
beta hemolíticos y los no hemolíticos. Las especies que se aislan
con mayor frecuencia son Streptococcus viridans, Streptococcus mitis
y Streptococcus salivarius. Entre los grampositivos también figuran
microorganismos del género Micrococcus y varias especies de estreptococos
anaeróbios. Además de los mencionados anteriormente están presentes
Staphilococcus aureus, Stafhylococcus albus, espiroquetas de Vincent
y bacilos fusiformes.
Los miembros de la microflora oral que les siguen en importancia
son los cocos gramnegativos, en el siguiente orden de frecuencia
descendente: Neisseria catarrhalis, Neisseria pharyngitidis, Neisseria
flavescens. Además existen especies bacterianas aeróbias y anaeróbias
de los géneros Corynebacterium, Actinomyces, Lactobacillus, Rothia,
Leptotrichia, Fusobacterium, Rothia, Leptotrichia, Bacteroides,
Fusobacterium, Veillonela y Candida.
Tomas D. Brock menciona en su libro que la cavidad oral es una de
las más complejas y heterogéneas partes del cuerpo donde habitan
los microorganismos, predominando los anaerobios (estreptococos
y lactobacilos), y aerobios, estos últimos en menor número, los
mismos fueron aislados en la placa dentobacteriana. El estreptococos
mutans y estreptococos sobrinus se aislaron en la caries dental.
Microorganismos frecuentes en la pericoronaritis.
Son más frecuentes: los estafilococos grampositivos, que al envejecer
algunas células, se convierten en gramnegativos, caracterizándose
por ser esporulados, anaerobios y saprofíticos, bacilos fusiformes
y espirilos.
Formas de presentación de la pericoronaritis.
Los agentes infecciosos bucales se desarrollan en el espacio pericoronario,
en uno de sus recesos, la mucosa adyacente opone a la infección
sus reacciones de defensa habituales, cuando el proceso defensivo
no es capaz de controlar la agresión se exacerba la pericoronaritis,
presentándose de diferentes formas:
a) Pericoronaritis aguda congestiva o serosa.
b) Pericoronaritis aguda supurada.
c) Pericoronaritis crónica.
Por ser los terceros molares los que más frecuentemente presentan
estos síntomas describimos a continuación sus manifestaciones clínicas:
a) Pericoronaritis aguda congestiva o serosa.
Manifestaciones clínicas.
Se caracteriza por acentuados a la masticación, que pueden irradiarse
a la faringe o la rama ascendente de la mandíbula, mucosa por detrás
del molar eritematosa, cubre una parte de la corona del molar y
lleva a veces la presión de la cúspide del molar antagonista, la
palpación de la región es dolorosa y puede sangrar a la menor presión,
puede palparse una adenopatía simple en la cadena ganglionar submandibular,
que se localiza por debajo del ángulo mandibular en los terceros
molares en brote.
La evolución de la pericoronaritis aguda congestiva o serosa es
variable. Espontáneamente o bajo el efecto de un tratamiento se
atenúa; los dolores desaparecen primero, y después, más lentamente,
aparecen otros signos inflamatorios locales. Las recidivas pueden
suceder hasta que la corona sea complemente liberada, pero en todo
momento las lesiones pueden pasar al estadío de la pericoronaritis
aguda supurada.
b) Pericoronaritis aguda supurada.
Manifestaciones clínicas.
Se manifiestan dolores más intensos que se irradian a amígdalas,
oído y hacen desviar el diagnóstico, por la atipicidad de la sintomatología.
La región retromolar es turgente, el eritema se extiende hacia la
farínge y al pilar anterior del velo del paladar, aparece trismo
o limitación a la apertura bucal de poca intensidad, disfagia, puede
revelar una infección más grave que se confirma por examen endobucal,
la palpación es más dolorosa y la presión encima del capuchón mucoso
y el diente provoca la salida de una pequeña cantidad de pus, presencia
de adenopatía en la cadena ganglionar submandibular dolorosa a la
palpación.
La evolución es similar a la de la forma congestiva o serosa, puede
aún regresar, aunque es más raro; las recidivas se separan por períodos
de acalmia (disminución del dolor) variables, y el paso a la forma
crónica es frecuente; aunque la pericoronaritis, tiene el peligro
sobre todo, de ser el punto de partida de una complicación infecciosa
más grave: celular, mucosa, ganglionar u ósea.
c) Pericoronaritis crónica.
Manifestaciones clínicas.
Los síntomas más atenuados son las algias (dolor) retromolares intermitentes.
A veces se acompaña de trismo o limitación a la apertura bucal ligera
y pasajera, pueden cursar con ausencia absoluta de síntomas o pueden
ser estos poco manifiestos, como halitosis marcada, faringitis de
repetición, gingivitis tórpida, adenopatía crónica o abscesos periamigdalinos
unilaterales.
El diente esta cubierto de una mucosa eritematosa y edematosa sensible
a la presión que a veces deja salir una o dos gotas de serosidad
purulenta bajo el capuchón. Un signo muy típico de la pericoronaritis
crónica es la faringitis unilateral, intermitente y recidivante.
Si la corona del molar no está bien liberada la pericoronaritis
tiene todas las posibilidades de reproducirse o de evolucionar de
modo crónico. Es más raro en el maxilar, donde los dientes encuentran
menos dificultades evolutivas, también menos grave la posición de
declive del orificio de comunicación, que al drenar mejor la infección
pericoronaria limita los peligros de las complicaciones.
Manifestaciones clínicas comunes.
La pericoronaritis tiene manifestaciones clínicas comunes, independiente
de su forma clínica de presentación, las mismas serán descritas
a continuación.
Se observa en la infancia, la niñez y en los comienzos de la edad
adulta, de 20 a 30 años de edad y más frecuente en zona de terceros
molares inferiores.
Dolor
punzante.
Tejido
pericoronario enrojecido y edematoso.
La
inflamación se extiende a los tejidos blandos adyacentes.
Amigdalitis
y absceso peritonsilar o faríngeo.
Puede
observarse presencia de pus.
Dificultad
a la masticación.
Presencia
de trismo o limitación a la apertura bucal.
Halitosis.
Disfagia.
Toma
del estado general (escalofrío, hipertermia o fiebre)
Linfadenopatía cervical con mayor frecuencia en la cadena submandibular,
ganglios dolorosos y endurecidos.
Diagnóstico.
Confección
de la historia clínica.
Examen
clínico.
Exploración
de los síntomas.
Cultivos
y Antibiogramas.
Imagenológico
(Rayos X periapical y oclusal, lateral oblicua de Mandíbula y panorámica)
Diagnóstico diferencial.
Gingivo
estomatitis herpética.
Gingivo
estomatitis ulcero necrotizante.
Absceso
dentoalveolar.
Quiste
de erupción.
Granuloma
reparativo de células gigantes.
Fibroma
periférico de la papila interdentaria o de la encía Marginal.
Tratamiento:
Los principios en el tratamiento de las pericoronaritis que se instauraron
desde los orígenes de la humanidad, fueron la utilización de piedras,
lancetas de madera, etc; para su drenaje, siguen aun vigentes en
la actualidad, solo que la técnica ha mejorado.
No se estableció definitivamente la relación causal hasta la actual
centuria, y a pesar de los avances científicos y técnicas, los problemas
infecciosos odontogénicos permanecen como el mayor problema, de
la práctica odontológica.
Los pilares básicos a considerar en el tratamiento de las infecciones
odontógenas se concretan en dos:
Uso
de antimicrobianos.
El
Tratamiento quirúrgico.
Los objetivos a conseguir con el tratamiento consisten en:
Restablecer
la salud del paciente.
Evitar
la aparición de secuelas y complicaciones.
Terapéutica antibiótica.
La era antibiótica comenzó cuando Fleming, en 1929, descubrió la
penicilina (droga milagrosa), la mayoría de las infecciones odontógenas
están causadas por microorganismos sensibles a la penicilina Antes
de la era antibiótica, el germen causal era habitualmente el estreptococo.
Principios generales para la elección de los antimicrobianos.
La regla para la aplicación de los antimicrobianos sigue siendo
las mismas que para él, resto del organismo.
1. Conocimiento de la flora normal de la cavidad bucal.
2. Tipo y virulencia del agente invasor.
3. Resistencia del huésped.
4. Dosis del antimicrobiano frente al microorganismo responsable
de la Infección.
5. Presencia de enfermedades congénitas o Adquiridas.
Congénitas.
Linfopenia
autosómica recesiva (deficiencia de linfocitos en los tejidos)
Linfopenia
hereditaria (deficiencias de células linfoides y corpúsculos de
Hassall)
Agammaglobulinemia
alinfocítica (de tipo Suizo)
Síndrome
de Bruton (agammaglobulinemia infantil) " Síndrome de Good (aplasia
del timo y de folículos linfoides) " Síndrome Di George (aplasia
o alinfoplasia tímica)
Deficiencia
selectiva de IgA (falta de células plasmáticas que producen IgA
)
Adquiridas.
Leucemias(se
produce hipogammaglobulinemia adquirida debido aque la neoplasia
invade de forma difusa el tejido alveolar)
Linfoma
de Hodgkin " Síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA)
Diabetes
mellitus descompensada.
Nefropatías
y enteropatías, (hay pérdida extensa o catobólica de proteínas plasmáticas,
que originan hipogammaglobulinemia)
Depresión
fisiológica ( disturbios circulatorios de la edad avanzada o de
la obesidad)
Deficiencias
nutricionales (Hipo o avitaminosis, hipoproteinemia)
Radioterapia
corporal (provoca un sistema inmunitario deficiente)
Supresión
de la capacidad defensiva por drogas (Ejemplo: drogas citotóxicas,
esteroides y el grupo de drogas que deprimen el sistema inmunitario
utilizado en enfermos que han recibido trasplantes)
Normas generales a tener en cuenta en la administración de los
antimicrobianos.
Usar
dosis elevadas.
Utilizar
las vías de administración de la siguiente forma: en infecciones
severas, endovenosa (E.V), infecciones menos severas, intramuscular
(I.M) y en infecciones no graves, oral.
Prescribir
los antimicrobianos de amplio espectro que destruyan a gérmenes
aerobios como a los anaerobios, hasta que se reciba el antibiograma.
Causas más comunes del fracaso de la terapéutica de los antimicrobianos.
Uso
de agentes antimicrobianos inadecuados por su espectro. " Ciclos
del antimicrobiano cortos o prolongados.
Cambios
frecuentes de antimicrobianos sin cumplir sus ciclos
Normas para el uso de los antimicrobianos.
Situación no urgente (cultivo y antibiograma)
Situación urgente (Cultivo y antibiograma, pero se comenzaría el
tratamiento eligiendo el antibiótico más conveniente para las infecciones
bucales. Ejemplo: Penicilina (antibiótico de elección)
Situación de emergencia en los casos agudos: no se realiza en ese
momento cultivos y antibiograma, el paciente requiere hospitalización
e instauración de un tratamiento de choque, es decir, grandes dosis,
vía endovenosa de múltiples antibióticos de amplio espectro o combinación
de antibióticos; a continuación se tomara muestra para cultivo y
antibiograma.
Cuando la presencia de pus se sospecha.
Aparece un punto eritematoso oscuro en el enrojecimiento general
de la tumoración.
Aparece un área localizada de reblandecimiento en el centro del
espacio afectado.
Aparecen señales de edema en una tumoración que era permanente y
completamente dura
Resumen del tratamiento.
1) Medicamentoso
2) Quirúrgico.
Medicamentoso:
Uso
de antimicrobianos.
Analgésicos.
Antisépticos.
Antinflamatorios.
Lavado
profuso con solución salina.
Colutorios
con antisépticos débil (clorexidina 0.02%), peróxido de hidrógeno
al 3% o perborato de sodio.
Aplicación
de anestésico que permite la exploración y el desplazamiento del
tejido blando subyacente.
Enjuagatorios
tibios con emolientes y revulsivos.
Embrocaciones
locales con rojo aseptil o mercuro cromo.
Aplicación
de sustancias cáusticas en el espacio creado en el denso saco pericoronario
(opérculo) y la superficie del diente.
Anestesia
de los abscesos superficiales periodontales y pericoronales que
permite la exploración del tejido blando subyacente.
Higiene
bucal adecuada.
Quirúrgico.
Incisión
y drenaje.
Eliminación
del saco u opérculo (operculectomía) con bisturí o electrocirugía.
En este caso el tratamiento se aplicará si el tercer molar está
ubicado en posición vertical, clase I, posición A.
Exéresis
de la pieza dentaria cuando su posición es paranormal.
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