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El papel de la saliva
La saliva juega un papel importantísimo en la higiene de la boca.
Además de intervenir en el proceso digestivo, ayudando a la masticación
y recubriendo los alimentos de enzimas que facilitan la transformación
del almidón contenido en ellos, este líquido incoloro impide la
proliferación de la placa bacteriana.
La saliva actúa estabilizando el ph de la boca, debido a su alta
concentración en carbonatos y fosfatos. Si no se mantiene una higiene
bucodental adecuada, prolifera gran cantidad de placa bacteriana
y microorganismos, que hacen que el ph dentro de la boca se vuelva
ácido. Una alimentación con excesivo contenido en azúcares refinados
y harinas contribuye también a acidificar el ph bucal.
Al mismo tiempo, la saliva juega un papel esencial ya que incluye
otros elementos como calcio y flúor que ayudan a remineralizar los
dientes y mantener su esmalte.
La boca segrega saliva durante las 24 horas del día, a través de
las glándulas salivares, que son seis y se localizan en las mejillas
(glándulas parótidas), a ambos lados del suelo de la boca (glándulas
submaxilares) y debajo de la lengua (glándulas sublinguales).
Se calcula que las glándulas salivares segregan un litro de saliva
diario, aunque esta producción es menor durante la noche, de ahí
que haya que sea importante cepillar los dientes antes de acostarse
para eliminar la placa bacteriana y evitar que la menor cantidad
de saliva favorezca la proliferación de microorganismos.
Al mismo tiempo, la producción de saliva también disminuye con la
edad. Por ello se recomienda a los personas mayores acudir con más
frecuencia (dos veces al año) al dentista con el fin de prevenir
o detectar a tiempo posibles problemas bucodentales.
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